Repulsión

La ausencia de valores y la reducción de la sociedad a sectas de ultramundo es un fenómeno común en la Cuba comunista. Las “pandillas” o grupos de delincuentes de alcantarilla, analfabetos, y con ansias de canalizar sus frustraciones, a menudo arremeten contra pobres infelices indefensos. ¡Manera de ser guapos! Mas, no les alcanza la “hombría” para enfrentarse al verdadero enemigo, a quien los tiene en taparrabos y con plumas en las nalgas.

Es Viernes, 15 de Agosto del 2025, y dos abscesos anorrectales andantes se acercan demandantes y envalentonados a un muchacho en una esquina de la vecindad de La Colina Lenin, en Regla, La Habana.

El muchacho es un joven trigueño de 38 años. Impresionan su seis pies de estatura, mas su cara de adolescente ingenuo y siempre confundido, cuenta la historia del niño que convulsionó con una fiebre alta y quedó, según el término médico que usan en Cuba, con retraso mental. No se detienen las hemorroides purulentas andantes, no intentan si quiera identificar un ápice de culpa en aquella cara, ya temerosa del lenguaje corporal de esos dos.

Lo acusan abiertamente de haberse robado unas palomas a las 4:00 am de casa del ex-boxeador Waldemar Font Quintero. Basan su acusación en el parecido del muchacho con el del video en blanco y negro, y de mala calidad, captado por la cámara de seguridad de casa del ex-boxeador. Y sí, Waldemar, el “renombrado” ex-boxeador, es una de aquellas lacras abusivas.

Tembloroso y con ojos llorosos balbucea el muchacho que no ha sido él. Que él duerme todas las noches junto a su madre para cuidarla, pues padece también de convulsiones después de su operación a cráneo abierto. Waldemar y compañía presionan al muchacho. Le dicen que las palomas tienen que aparecer o lo van a “pinchar”, palabra que, en Cuba, se refiere a apuñalar.

Tanto despliegue de hombría no podía limitarse a tal insignificante acoso. ¡Tenían que llevarlo al próximo nivel! ¿Cómo probarían su masculinidad alfa, más bien culinidad-analfabeta, si se dejaban convencer por el terror de aquellos ojos oscuros que hablaban la verdad más verdadera?

Doblegando su despliegue de dominio del reino de la involución homínida, Waldemar y compañía hicieron acto de presencia también en el lugar donde trabaja el muchacho de sol a sol. Allí emitieron chillidos acusatorios al oído del jefe, quien por temor a la clásica represalia del “pinchazo”, les dijo que “botaría” al muchacho de su trabajo.

Y para cerrar semejante hazaña con broche de oro, pues fueron también a su casa. Allí encontraron a la madre del muchacho, sembrada en una silla como consecuencia de un meningioma ya operado hace algunos años, y a la señora que la cuida de día. Pero, ¿cómo detenerse ante tan colorida escena? Emitieron sus característicos aullidos acusatorios a la cuidadora, quien refutó firmemente cada una de ellas confirmándoles que el muchacho vigila a su madre cada madrugada para después ir a trabajar al día siguiente. Cabe destacar que, de haberse atrevido Waldemar y compañía a semejante atrocidad unos años atrás, cuando aquella madre aún respiraba fuego, hubieran aprendido ambos una lección valiosa.

Pero la vida, en esa sociedad mediocre y corroída, salvo muy pocas excepciones, premia la involución, la frivolidad, la podredumbre, y la cobardía del alma. Sobrevive de ensalzar los abscesos anorrectales gangrenosos que, como Waldemar y compañía, hacen crecer la mierda a cada paso. ¡Que valerosos guerreros de las heces! Ir por la vida amenazando retrasados mentales e infelices y acosando a sus familiares discapacitados se ha vuelto cumbre de la nueva “hombría”, la de las plumas en las nalgas.

¡Sin embargo, la hermana menor del muchacho sí lo sabe! Entiende que acudir a la policía corrupta, comprada por las heces Waldemarescas, es incrementar el riesgo de acoso a su madre y el del “pinchazo” a su hermano. ¡Así que ella reza! Reza porque aparezca el verdadero culpable del “palomicidio” para que dejen a su hermano y familia en paz. Pero, ¿a quién rezas, mia cara? ¿No sabes que en el mapa que usan los dioses no existe Cuba?

Yara Felipe


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